La Mentira

La mentira es una declaración realizada por una persona, ocultando o falseando una información, y esperando que los oyentes la crean. Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad. Como dicen: "Para Mentir se necesita de dos, uno que mienta y otro que crea."

martes, 19 de julio de 2011

Por qué fallan las mentiras

Las mentiras fallan por muchos motivos. Quizá la victima del engaño descubra accidentalmente la verdad al encontrar un documento escondido o una mancha de barra de labios en un pañuelo. También pude ocurrir que alguien mas delate al mentiros, ya sea por envidia, celos, amor, odio, etc. Pero lo que aquí nos importa son los errores cometidos durante el acto mismo de mentir contra la voluntad del que miente, conductas que llevan sus mentiras al fracaso. La pista sobre el embuste o la autodelación puede presentarse en un cambio de la expresión facial, un movimiento del cuerpo, una inflexión de la voz, el hecho de tragar saliva, un ritmo respiratorio excesivamente profundo o superficial, largas pausas entre las palabras, un desliz verbal, una microexpresión facial, un ademán que no corresponde. Si bien algunos mienten perfectamente, ¿por qué los demás no pueden evitar estas conductas que los traicionan al mentir?. Las razones para de que esto ocurra están vinculadas a dos factores, los pensamientos y los sentimientos.

No siempre los mentirosos prevén en qué momento necesitarán mentir; no siempre tienen tiempo de preparar el plan que han de seguir, ensayarlo y memorizarlo. Aun cuando el mentiroso tenga la oportunidad de prepararse por adelantado y de montar cuidadosamente sus planes, tal vez no sea lo bastante sagaz como para anticipar todas las preguntas que pudieran hacérsele o para meditar sus respuestas.
La falta de preparación o la imposibilidad de recordar el plan adoptado puede ofrecer indicios en cuanto a la forma de formular el plan, aunque no haya ninguna incongruencia en su contenido. La necesidad de pensar de antemano cada palabra antes de decirla -de sopesar todas las posibilidades, de buscar el término de idea exactos- se evidenciará en las pausas, o bien, más sutilmente, en una contracción de los párpados o de las cejas y en ciertos cambios en los gestos y ademanes.

MENTIRAS RELACIONADAS CON LOS PROPIOS SENTIMIENTOS.

El hecho de no haber pensado de antemano, programado minuciosamente y ensayado el plan falso es sólo uno de los motivos por los cuales se cometen deslices que ofrecen pistas sobre el engaño; los errores se deben asimismo a la dificultad de ocultar las emociones o de inventar emociones falsas. Cuando se despiertan emociones, los cambios sobrevienen automáticamente, sin dar cabida a la opción o a la deliberación.
Se producen en una fracción de segundo.
Las personas no escogen deliberadamente el momento en que la sentirán una emoción; por el contrario, lo común es que vivencien las emociones como algo que les sucede pasivamente, y en el lo caso de las emociones negativas (el temor, la ira), contra su lo voluntad.
Cuando una emoción va surgiendo en forma paulatina y no o repentina, y si comienza en un bajo nivel (molestia en vez de o furia), los cambios en la conducta son pequeños y relativamente sencillos de ocultar si uno se da cuenta de lo que está sintiendo. Pero la mayoría de las personas no se da cuenta; tal vez sea más notable para los demás que para uno.
Ocultar una emoción no es fácil, pero tampoco lo es inventar una no sentida, aunque no haya otra emoción que disimular con ésta. No basta con decirse "Estoy enojado" o "Tengo miedo": el embustero debe mostrarse y sonar enojado o temeroso si quiere que le crean. Hay ciertos movimientos faciales, por ejemplo, que poquísimas personas están en condiciones de ejecutar de modo voluntario. Y éstos movimientos de difícil ejecución son vitales para que el falseamiento de la tristeza, el temor o la ira tenga éxito.

EL TEMOR A SER ATRAPADO.

En sus formas más moderadas, este temor, también conocido como "recelo a ser detectado", en vez de desbaratar las cosas, puede ayudar al mentiroso a no incurrir en equivocaciones al mantenerlo alerta. Si el temor es mayor, puede producir signos conductuales que el descubridor de mentiras avanzado notará enseguida.
El grado de recelo a ser detectado está sujeto a la influencia de muchos factores. El primero y determinante es la creencia que tenga el mentiroso sobre la habilidad de su destinatario para descubrir mentiras.
Por otra parte, un mentiroso que se propasa en su autoconfianza puede cometer errores por descuido; es probable que cierto recelo de ser detectado sea útil para todos los mentirosos.
Mentir no es una tarea fácil como ya lo hemos dicho antes, por esa razón este temor juega un papel importante en la ejecución y la detección de la mentira.
De todas formas hay que tener cuidado al juzgar de mentiroso a alguien, no siempre el recelo a ser detectado forma parte del que miente, también uno inocente puede sentir temor de que no le crean y lo culpen de algo que no hizo y mostrar los mismos "indicios de engaño".
Supongamos que estamos culpando a una persona por el robo de una gran cantidad de dinero de un banco, y en donde también se ha cometido un asesinato. Si la persona culpada es inocente, pero se lo cree culpable y se lo está juzgando por ello, posiblemente sienta emociones muy fuertes, y el miedo generado por ello lo ponga en el lugar equivocado, si a esto le agregamos que no hay pruebas suficientes del hecho que digan lo contrario. No tendrá mas remedio que decir: "Soy inocente..!!", "Yo no robe ni mate a nadie..!!". Palabras que todo delincuente dice.
Cuando lo que está en juego es mucho, en este caso la libertad o condena de una persona, es muy difícil discernir entre el recelo a ser detectado del culpable y el miedo a que no le crean de un inocente.
El detector de mentiras (polígrafo) juega un papel importante en cuanto a la detección y determinación de un resultado positivo, pero en estos casos, muchas veces, se comete el error por no poder diferenciarlo. El polígrafo no detecta mentiras sino sólo señales emocionales. Sus cables le son aplicados al sospechoso a fin de medir los cambios en su respiración, sudor y presión arterial. Pero en sí mismos el sudor o la presión arterial no son signos de engaño.
Un engaño puede acarrear dos clases de castigo: el castigo que aguarda en caso de que la mentira falle y el que puede recibir el propio acto de mentir. Si están en juego ambos, será mayor el recelo a ser detectado.

Para sintetizar, el recelo a ser detectado es mayor cuando:
  • el destinatario tiene fama de no ser fácilmente engañable;
  • el destinatario se muestra suspicaz desde el comienzo;
  • el mentiroso carece de mucha práctica en el arte de mentir, y no ha tenido demasiados éxitos en esta materia;  
  • el mentiroso es particularmente vulnerable al temor a ser atrapado;
  • lo que está en juego es mucho;
  • hay en juego tanto una recompensa como un castigo; o bien, en el caso de que haya una sola de estas cosas en juego, es el castigo;
  • el castigo en caso de ser atrapado mintiendo es grande, o bien el castigo por lo que se intenta ocultar con la mentira es tan grande que no hay incentivo alguno para confesarla;
  • el destinatario de la mentira no se beneficia en absoluto con ella.
Existen dos puntos mas que son de importancia al momento de determinar por qué fallan las mentiras.
  • EL SENTIMIENTO DE CULPA POR ENGAÑAR
  • EL DELEITE DE EMBAUCAR A OTRO

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