La Mentira

La mentira es una declaración realizada por una persona, ocultando o falseando una información, y esperando que los oyentes la crean. Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad. Como dicen: "Para Mentir se necesita de dos, uno que mienta y otro que crea."

sábado, 28 de marzo de 2015

Gestos nerviosos: ansiedad, miedo y hostilidad.

Vamos a analizar de forma muy breve en este apartado algunas de las características gestuales presentes en éstas situaciones emocionales.
Cuando sentimos ansiedad,  miedo u hostilidad, se ve reflejado en nuestro lenguaje corporal. Sin embargo, nuestro interlocutor no tiene por qué ser consciente de esto; simplemente capta “algo”  en nosotros que no le gusta o que le incomoda.
Por ejemplo, una persona ansiosa o tímida puede comportarse de un modo que otros perciban como frialdad o rechazo. El miedo puede hacer que nos enfademos con nosotros mismos y trasmitamos sin querer una imagen de hostilidad,
este enfado con nosotros mismos está determinado principalmente por una ideología generada por un medio externo, como el cine por ejemplo en donde películas de determinado género nos deja entrever que un hombre no puede sentir miedo o llorar, ya que su hombría se vería disminuida, lo mismo ocurre en programas de TV, aunque de forma social una persona puede influirse con este pensamiento por rodearse con gente que piensa de esa manera. De este modo la persona con la que hablamos puede tener una impresión de nosotros que no se corresponde con la realidad. Aunque transmitir hostilidad dependerá de las características de la situación en la que nos encontremos, y posiblemente no se dé en la mayoría de los casos, ya que el miedo es generado por situaciones que de alguna forma podría ponernos en riesgo, ya sea un riesgo real o un riesgo proveniente de nuestras propias inseguridades y la reacción sería contraria a mostrar hostilidad.
Por otro lado la ansiedad es un sentimiento muy intenso que nos hace más conscientes de nosotros mismos y, por tanto, las actitudes que podemos tomar en un momento de ansiedad pueden generar en el otro un sentimiento de preocupación o miedo. La ansiedad es una mezcla de sensaciones internas, y se complementa con nervios y miedo
Cuando estamos nerviosos es muy probable que toquemos alguna parte de nuestro cuerpo, pudiendo ser una forma de confortarse o relajarse, masajearse la nuca, acariciarse el pelo o la barba, humedecerse los labios o chupar o morder algún objeto, denotan cierto nerviosismo. Y lo mismo puede decirse de los pies o dedos inquietos: estos movimientos los hacemos como una forma de marcar el tiempo y querer acelerarlo para que esa situación que nos ponen en estrés o ansiedad se pase lo más rápido posible, juguetear con objetos, alisarse la ropa, golpear el cigarrillo contra el cenicero aunque no haya ceniza que tirar son otros ejemplos de este marca pasos involuntario, siendo este un claro símbolo de nerviosismo e inseguridad.
Algunos de estos gestos de nerviosismo ansiedad y miedo pueden también interpretarse como consecuencia de un pensamiento subconsciente o de alguno que intentamos que no salga a la “luz”. Por ejemplo tocarse la boca puede indicar que no nos gusta lo que estamos escuchando o bien un temor a decir algo que no debemos.
La persona que se frota las manos nerviosamente puede estar tensa o decirnos corporalmente que teme lo que pueda hacer con sus manos. Mientras que si tiene los puños apretados, denota una intensa agresividad que intenta contener. En cambio, si se está apretando los brazos con las manos señala una gran ansiedad o enfado, este último iría acompañado de una expresión facial de enojo con el ceño fruncido. La imagen en los últimos casos, aunque en distintos grados es la imagen de alguien que tiene tantas ganas de golpear que se sujeta los brazos para retener su impulso, aunque por cierto casi nunca se es consciente de esto.
Una buena forma de romper estas barreras es ofrecer algún objeto a esta persona, como un cigarrillo o una bebida, pues al tomarlo rompe su postura  y la situación se modifica. De esta forma podemos disminuir el nerviosismo o ansiedad.
Por otro lado, podemos detectar una actitud negativa en el otro (o en nosotros) cuando se mantiene firme el pulgar debajo de la barbilla, pues es señal de reticencia a lo que se está escuchando. En este caso lo mejor es recomenzar o replantear el tema de otro modo para poder salir de esa situación. En cambio cuando el otro se frota la barbilla, lo mejor es abstenerse se hacer nuevos comentarios, pues está pensando, posiblemente dándole algún tiente de duda o lo que se está diciendo. Si luego baja la mano con una actitud simpática o positiva, es que está satisfecho con lo que hemos hablado.  Si se cruza de brazos es muy probable que esté en contra de lo que se está diciendo, pero tal vez la actitud varié si esa misma persona se cruza de piernas, ya que eso significa que la persona tiene interés en generar una discusión sobre el tema del cual se habla.
Algo similar sucede si vemos que otro se frota la nariz como si sintiera mal olor o como si le picara, esto denota disgusto aunque también puede ser que la persona al rascarse o frotarse la nariz esta de esa forma intentando cubrirse la boca como un intento de no decir lo que piensa por estar en desacuerdo con lo que está escuchando, el mejor modo de salir de esta situación es plantear la idea de una forma diferente para aclarar mal entendidos o dudas.
Hay emociones, como el miedo que se puede manifestar de diferentes maneras pero generalmente predominan los signos de sorpresa, como abrir mucho los ojos,  gritar, temblar, echarse hacia atrás, contener la respiración, etc.
El enfado o la ira también se pueden mostrar de múltiples maneras, pero sus manifestaciones más frecuentes son la cara enrojecida, brazos en la cadera o cruzados, respiración rápida, labios apretados, entre otros.
Entre los signos de hostilidad también se encuentran golpear el suelo con el pie o algún objeto, apretar, estirar o pellizcar alguna parte de la cara, o morderse los labios. La mirada también cambia las pupilas se achican y los músculos faciales se tensan, incluso el cuello tendrá un aspecto rígido al igual que el tórax. Es común la elevación del tórax como si el cuerpo se preparase para el ataque, aunque este no llegue a producirse. 
De esta manera podemos tener un panorama de cuáles son los signos a los que debemos prestar atención cuando atravesamos por alguna de estas situaciones, ya sea padeciéndolas en primera persona o siendo el receptor de estas emociones.
Las formas y características por las cuales pueden presentarse la ansiedad, el miedo y la hostilidad o enojo son muchas, y por tanto muchas también serán las reacciones tanto personales o de terceros frente a estas emociones. 

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